Juan Gopar en el solar

Los solares son mundos complejos, sistemas en permanente tarea de recreación. Sumergirse de improviso en el jardín de macetas es perder el sentimiento de nuestro peso y toda medida. Para un ojo que no sabe ver, el solar es un desbarajuste, un caos, un monumento a la confusión, sin embargo, hay todo un orden allí. El solar no se construye, aparece sin más, para vivir dentro, con su propio cielo rectangular, para aprender a celebrar la fragilidad, la delicadeza y la medida.

La ruina es el alma secreta de todas las construcciones, el solar es una habitación donde la lluvia es bien recibida, en el solar nada se acaba, nada puede acabar, es obra en marcha, el solar siempre está abierto, nunca está cerrado, el solar es lo que queda tras nuestro paso, el solar tiene su propia erótica. ¿Quién se atreve a delimitar dónde termina el solar y dónde empieza la historia? ¿No es cualquier planta de cualquier solar de Santa Cruz de Tenerife un objeto histórico más? El solar no es el refugio de una naturaleza amenazada, no hay nada en el solar que busque pasar a la historia, no hay nada que ocultar, ni secretos, ni mentiras, el proceso está a la vista de todos. Cuando aparece un solar, aparece la historia de cada uno a la vista de todos, en el solar nada sobra, nada es inútil, todo es necesario. El solar es siempre una creación colectiva, su conformación está tramada por innumerables relaciones sociales y a su vez cada solar está conectado por una trama de raíces invisibles con muchos otros solares. En el solar no hay placas conmemorativas ni pedestales honoríficos. El solar esconde un tesoro: el intersticio, el intervalo, donde todo es posible. El solar no es un espacio arquitecturizado, domesticado, colonizado, el solar es un espacio que piensa, te piensa, habla contigo. El solar es una isla cósmica, su historia no tiene ni principio ni fin.  

Juan Gopar es uno de los artistas del recorrido, de la intrahistoria y narrador de lo ordinario y de lo inclasificado. El proyecto de Juan Gopar en El Solar (El solar de las macetas ) es su historia nítida, retratada de cuerpo entero o, al menos, de una parte del marco; de sus intereses, que lo son de todos, de sus deseos, que lo son de todos, y de sus ánimos que, en mayor o menor medida, lo son de todos.

Con «Paseos en compañía por el Arte Canario», «Siempre serás mi playa» y «Recorridos de lo infraordinario», la circulación lleva la dirección de lo poco a lo mucho o del todo a nada. Porque Gopar es eso, todo y nada, nada y todo, una dualidad constante que se reflejará en las tres partes de este proyecto y que conecta la necesidad de amor con la certeza de un final.

Gopar se mueve entre la belleza absoluta y el sórdido mundo material. Un mundo de basura que lleva al paroxismo de la condición humana; un detritus que recorre el paisaje, lo sobrepasa y se adentra en los tres estados universales: nacimiento, decadencia (naufragio) y -superando la idea de muerte- la rebelión, no como escapatoria sino como inicio del recorrido, de lo descriptivo casi hormigueante del vagabundeo por la ciudad, el paso firme sobre la playa y el recorrido sobre lo escondido. ¿Es la opción real sobrevivir a la vida o dejarse llevar a la zona de vacío donde empieza ésta, la naturaleza y el amor? Como diría Georges Perec: Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo describirlo?”.

Fotografía: Alberto Reverón

Con la colaboración de: