Exposición Gradientes artísticos y ciudad transversal

Gradientes artísticos y ciudad transversal, como línea de investigación, se inicia con esta exposición acerca de las relaciones con el espacio urbano. En un entorno como un solar, una zona urbana que no puede entenderse como escenario armónico acabado sino como espacio de conflictos […], espacio de lo imprevisible, de desequilibrios, donde las normalidades se desarman y rearman a cada momento (Henry Lefebvre), el impacto de las metáforas son imprevisibles.

Las cuatro presiones artísticas propuestas actúan sobre el conjunto de variables que conforman el lugar denominado ciudad desde distintas perspectivas: objeto artístico, entorno de acción, sujetos activados, ámbito de afectación y las consecuencias.

El trabajo de Carlos Garaicoa (Cuba, 1967), Cualquier sitio es un buen sitio para vivir (1999) modifica la percepción de la ciudad a partir de la poética del lenguaje transferido, configurando otro recorrido en el mapa urbano. Su intervención no se limita a un lugar concreto sino que se disemina por Santa Cruz de Tenerife para formar un relato no escrito. Esta disgregación de la afirmación “cualquier sitio” aglutina todas las geografías sobre los que se ha desplegado mediante una acción individual que es percibida de forma global y pública.

La relación entre imagen y espacio es tratada por Lena Peñate (Reino Unido, 1975) y Juanjo Valencia (Tenerife, 1980) a través de la ruina en sí como elemento de significación y su significación en el contexto. Paisaje en ruinas es una resistencia, un resto para la construcción alternativa de versiones sobre el pasado, una lectura crítica que pone en crisis expresiones de poder, formas de relegación y de recuperación: un fuera de lugar tanto en el tiempo como en el espacio.

Por su parte Racso Zehcnas (Colombia, 1984) fabrica de forma artificiosa y con diferentes capas un entorno privado dentro de un espacio también privado pero de uso público. Desde el interior de un sistema de relaciones reglado, un pequeño gesto, un golpe seriado, transforma la construcción social dada. La pieza Sin título es el sonido disonante dentro de una partitura urbana perfectamente planificada que pone de manifiesto una anomalía.

Ramón Miranda Beltrán (Puerto Rico, 1982) en Tempestad ó a nadie quien quiera más que a mí realiza un ejercicio de referencias, autorreferencia y representación. A partir de un diálogo de La Tempestad de Shakespeare, la línea de texto deviene en material y la palabra en discurso espacial. Entre dos territorios a la deriva, el contexto se descontextualiza a través de la relación de dos espacios: un Puerto Rico bidimensional y un Tenerife tridimensional.

La ciudad se percibe como un espacio polivalente, plural. La tradición empuja a pensar en el urbanismo como en una adición de capas de aprehensión histórica donde los saberes están vinculados al poder que homogeniza la estructura social hasta volverla plenamente transparente. Con Gradientes artísticos y ciudad transversal se pretende estudiar y reconocer los límites de esos sustratos, entenderlos de una forma dialéctica, entre la identificación de cuerpos/signos opacos y translúcidos.

ARTÍSTICO <————————–>TRANSVERSAL

GRADIENTES <———————–> CIUDAD

Con un movimiento de doble dirección se construye y vertebra la acción de estar y posicionarse en el espacio. En este sentido, la ligadura que se establece entre la unión de los términos artístico-transversal y gradiente-ciudad, toma el núcleo urbano como la abstracción de la forma más pequeña de análisis, como la unidad más pura desde la que partir. El gradiente se toma como la prefiguración de lo que ocurre cuando el elemento simbólico actúa sobre el entorno físico, sobre esa suma de lugares que es la metrópoli. El acto y el gesto artístico ponen de manifiesto y señalan los modos de relación con el espacio. La variación de valor entre un lugar sobre el que se actúa y este mismo antes de ser intervenido es el intervalo que se convierte en el centro de la reflexión.

Lo urbano, por tanto, está conformado por una serie de entrecruzamientos, de emisiones que se solapan unas a otras y que forman un paisaje múltiple, una ciudad atravesada por cientos de elementos y presiones. Se trata de dotar al espacio de otras visiones, de utopías soñadas y apuestas por la revitalización del papel del objeto artístico en el ámbito de afectación y en el tránsito cotidiano. Valiéndonos de este paradigmático título podemos rescatar todo lo que nos ofrece de contradictorio y coherente, así como propiciar la aplicación de experiencias en distintas latitudes no sólo del entorno de acción sino del conocimiento

El espacio contradictorio para Lefebvre[1] trata de una serie de discordancias que se dan de un modo dialéctico a lo largo de la historia del urbanismo, se pasa de una percepción “pura”, en las que el espacio es el lugar de la coherencia, hacia consideraciones que provienen de otras ramas del conocimiento. Si analizamos el contexto urbano como el área de lo social, el lugar del entendimiento de la conciencia colectiva, en cuanto que parte activa, no podemos separar la práctica de la abstracción —de la teoría—.

Las relaciones espaciales no responden a una geografía explícita sino a una subjetivación del espacio. Porque éstos son siempre e inevitablemente particulares resultado de las sumas de consecuencias específicas como el entorno de acción en relación al ámbito de afectación. Parámetros que están determinados por enunciados con los que el mundo está de acuerdo y que sirven, en consecuencia, como reglas, es decir como modelo universal. Estos arquetipos se forman en relación a dimensiones sociológicas de la Ciudad: clase, contexto físico y política, una tríada teórica en la que el cuerpo de la ciudadanía genera una reflexión de los correlatos espaciales y de qué modo con el brío con el que se abordaron los conflictos y la consolidación de clase en una época anterior, los investigadores han abandonado todo entusiasmo a la hora de sondear cómo el desclasamiento y la precarización moldean al emergente proletariado urbano en el cambio de siglo[2]. Esto es la ciudad como máquina de crecimiento y de ordenación de la vida colectiva, productora de resiliencias.

[1] Henri Lefebvre, La producción del espacio, Madrid, Capitán Swing Libros, 2013.

[2] Loïc Wacquant, “Reubicar la gentrificación: clase trabajadora, ciencia y Estado en la reciente investigación urbana” en El mercado contra la ciudad. Globalización, gentrificación y políticas urbanas, Madrid, Ed. Observatorio Metropolitano de Madrid, 2015, pág. 148.