Lola de la Rosa López (68 años). Entrevista. Néstor Torrens

Lola de la Rosa López, 68 años.

Duración: 13′ 39»

Hola. Estamos hablando del agua antes de… antes de los pozos. Cuando cargaban el agua en Bajamar de pequeñas. A los Naranjos, me parece que me decías el otro día.

L: La sacábamos de… de una zanja que había al lado del lavadero, y por llevar una cacharrita de agua desde allí hasta la casa de Los Naranjos que veraneaban las falangistas nos pagaban a media peseta el cacharro.

A media peseta el cacharro…

L: A media peseta el cacharro.

Benito decía antes… hablaba de los tirilines.

L: Sí, los tirilines.

Y que las mujeres se cargaban bidones arriba la cabeza, sin soltar una gota

L: Sí, sin XXXX una gota. Y nosotras la íbamos a buscar al Canal de Araca, que está por encima casa, y cuando veníamos llegando a casa nos trompezábamos y se nos caía el barril y rodaba el barril porque era de aceitunas vacío y teníamos que volver allá arriba. Y veces íbamos arriba y no había agua y cruzábamos todo el canal y bajábamos aquí a casa de Seña Aurora y según como estuviera el temple, nos daba el cacharro. Y si no de aquí teníamos que seguir abajo, allí a Bajamar a buscar un cacharro de agua. Imagina cuánto caminábamos por una lata de agua para hacer la comida, ya manda narices…

A media peseta el viaje…

L: A media peseta el viaje…

Eso cuando lo vendían.

L: Eso cuando lo vendíamos, sí (ríe).

Y lo de… también nos dijo Benito, lo de las mujeres trabajando en los sorribos (?)

L: sí… Las mujeres allí, debajo casa, la finca de los Ascanio. Lo sorribaron todo con los picos y las mujeres cargaban la tierra en una cesta. Y Quique, uno que le decían Quique, que era sordo, es el que… ellos iban echando la tierra en la sorriba, y él con el rastillo la iba rastrillando. Y cuando las mujeres traían la cesta mediada, les pegaba por debajo por las piernas con el, con el cabo del rastrillo para que la trajeran llenas. Todo el día cargando tierra.

Quique el sordo.

L: Quique el sordo.

Y eso de que la gente, de que las mujeres venían a lavar aquí…

L: Sí.

… al Castillo.

L: De Tacoronte y de Valle Guerra, y de Tejina.

Benito (?)

L: Venían acá a lavar a Bajamar, que había unas piedras de lavar hechas en… en… de cemento, al lado de donde está hoy el kiosko de… de Leandro. Y allí ven… eran unas llaves que había un estanquito y el agua iba directamente a… a las piedras de lavar. Y allí lavaba la gente. Y después tendían la ropa en los, en los callados, abajo en, debajo de la Arena pa que cogieran sol, pa que se pusieran blancas. De Tacoronte caminando con la cesta ropa a lavarlos a mano. Ah… sí, señor.

Y usted tenía, Lola, quince años.

L: No, cuando eso tenía yo menos… nueve o diez años.

¿Se acuerda cuando el pozo dio luz?¿Dio agua?

L: No… cuando dio agua no me acuerdo yo, porque yo era más p… Me acuerdo de regar con el agua del pozo, pero era poquita. Pero yo creo que el pozo ese dio agua en el año… 55, me creo yo, no estoy segura de la fecha. Porque mi hermana se iba pa Venezuela, que se fue en el 54. Y me acuerdo que segando hierba arriba en la Uraña, la… estaba Doña Eugenia vendiendo la finca en esa época y pedía 6 millones. Y mi hermano Fernando decía “yo me voy pa Venezuela, reúno los 6 millones y le compro la finca a Doña Eugenia” (ríe) Pero después trabajaron el pozo, y dio agua. Y yo creo que Benito puede saber porque él es más viejo que yo. Pero yo creo que más o menos en el 55 o en el 56, creo yo que dio agua, cantidad de agua. Pero la dio antes.

Se cambia mucho con el agua.

L: Hombre, claro… cambió bastante. Porque después ya pusieron el agua… el agua… la pusieron ya en el estanque, ya después pusieron tuberías, ya pusieron los chorros en el pueblo, la gente cargaba el agua, pero ya no tenían que sacarla de la zanja con una cuerda y con un… con un cazo. Que todos no tenían la cuerda y el cazo, que teníamos que esperar a que viniera Fela para que nos prestara la cuerda, porque no había cuerda para sacar el agua (ríe) No, y la gente de Tacoronte no sólo venía a lavar, llevaban el agua en camello y en caballo a Tacoronte para beber, desde Bajamar. Eso lo contaba mamá, yo no, porque eso… cuando eso yo no había nacido.

¿Y estaban segando hierba arriba en Ucaña?

L: Sí, nosotros segamos la hierba en Isora.

Para los animales.

L: Para las vacas. Y después trabajamos en los tomates. Cuando se terminaba la cosecha de tomates, íbamos a segar la hierba con Doña Eugenia Lercaro, pa las vacas.

¿Y por dónde subían, Lola?

L: ¿Eh?

¿Por dónde subían arriba a XXXX?

L: Por el camino que había de Isora. Se cruzaba después, había un… Marcos en paz descanse vendía hierba por trozos y los pencones, los higos picos. Por ejemplo, tenía las orillas de higos picos y la gente venía, compraba un trozo y había uno de La Punta que compraba la… las orillas de higos picos y luego las bajaba a XXX pa venderlos. Iba caminando de XXXX a la Punta de Hidalgo con una cesta de higos picos al hombro pa venderlos, fíjate tú qué bien se vivía antes. Sí, señor.

¿Pero subían y bajaban por el mismo sitio?

L: Sí, claro. (murmura)

XXXX bajaba por El Toscal.

L: No, eso no… Los del Toscal bajaban por otro si… eran de arriba de otro sitio, de Isodo se bajaba por , por el mismo sitio. Por Isodos pa bajo, por el camino pa’bajo. Por el camino que ha existido siempre. ¿No?

Lola, ¿tú te acuerdas de aquello que me decías el otro día del cura de Tejina que vivía en La Punta…?

L: Sí.

¿… que ataba la cuerda a la campana…? ¿Cómo era aquello? / Cuéntalo.

L: Era un… había un cura en la P… en Tejina y resulta que vivía en La Punta Hidalgo y que tenía una novia en Bajamar, en casa… y vivía, la novia vivía en la casa, en la casa que era de Gregoria, que le decían Gregoria la Pintada. Y entonces la gente acechaba, cuando el cura venía caminando, que entraba a casa de Gregoria a dar con la novia y le daba una soga de la puerta y el bajo de la campana (ríe) Cuando el cura abría la puerta, la campana “tlón” (ríe) ¡Y sabían que el cura estaba entrando en casa de Gregoria! (ríe)

Eso era en la Ermita deXXXXX

L: Sí, en la Ermita vieja del Gran Poder.

Porque la iglesia esa de… ¿cómo se llama? ¿De San Juan? Esa usted no la conoció.

L: Sí.

¿Sigue XXXX esa iglesia?

L: Bueno, yo no sé si eso fue iglesia pa’l pueblo todos los domingos, pero sí cuando San Juan, cuando el día de San Juan se hacía fiesta ahí y la gente traía sus cosas y hacían sus fiestas, y tocaban la campana y hacían misa, y hacían la fiesta de San Juan.

Esa ermita de Los Pavares.

L: La Ermita de los Pavares.

Está cerrada ya, claro.

L: Sí, claro. Está cerrada y es una pena porque se va a caer al suelo. Es una pena…

¿Y la infancia en Bajamar, Lola?

L: Maravillosa. La infanc… antes se vivía bien con poco, la gente era feliz. Yo viví feliz. Mis padres nos daban cariño y… yo vivía feliz con lo que tenía.

Y trabajando.

L: Y trabajando. Po como no había otra cosa, tú no aspirabas a más. ¿Me entiendes? Eso es lo que había.

¿Y tú qué trabaste de… de siempre estuviste trabajando? XXX

L: Sí, bueno, yo trabajé cuando… yo empecé a trabajar con catorce o quince años en la… primero empaquetando tomates en la en el XXX de San Morano. Y después se terminaba la zafra los tomantes más o menos en marzo y entonces se empezaba a segar la hierba para las… pa las vacas de la finca de… de Doña Eugenia Lercaro. Y entonces le daba trabajo a la gente ahí… Y uno como era chica y le gustaba darle dinero a la madre para ayudarle, pues venía a segar hierba. Y estaba todo el día segando hierba. Segaba hierba de las 8 de la mañana a las 5 de la tarde en el mes de mayo, con el sol que raja… que daba miedo, por quince pesetas o… eso es lo que había. Y si dejabas una poquita sin segar, te mandaba Seña XXX otro día por la maña… a segar antes de empezar. Había que trabajar. Sí, señor.

¿Y la mujer, Lola?

L: La mujer, qué.

Las mujeres en Bajamar.

L: Mi madre… mi madre tuvo diez hijos. Y cargaba agua, lavaba la ropa, remendaba, porque antes no… se tenía que remendar la ropa cuando se rompía… no había luz eléctrica y lo hacía con una vela. Imagínate cómo es la cosa. Y plantaba tomates de media en la finca de XXX Tabares. ¿Qué me dices?

Y su marido también ¿o qué?

L: Bueno, mi padre, mi padre trabajó en la tierra cuando estuvo de medianero aquí con… con Doña Eugenia. Pero después él… como él sabía conducir y mi tío Alfonso era rematador de obra. Y ya cuando la guerra se terminó… porque cuando la guerra a mi abuelo le quitaron todo lo… o sea, toda la gente que le debía no le pagó, y como él había comprado material para hacer la tajea esa que le dicen la tajea XXXXX… Y él no podía pagar la deuda porque se había quedado sin trabajo, y la guerra no había trabajo, no había nada… Pues entonces le quitaron la finca que tenía en Geneto. Y mi padre, como no fue a la guerra, se quedó… no fue a la guerra, pues cogió la finca… estaba primero de medianero con, allí en XXX, y luego se vino de medianero con el padre de, con el marido de Doña Eugenia, con Doña Eugenia Lercaro. Y estuvieron aquí de medianeros, y cuando salió de medianero compró él la tierra donde nosotros vivimos allí en XXXXX. Compró la casita aquella y allí se fue. Y después se compró un camionito y ya trabajó de chófer. Llevaba la… le decían los atados de a Santa Cruz y… y ya él trabajaba de chófer, y cuando terminaba pues le ayudaba en las tierras a mi madre y eso. Pero no, se trabajó mucho. Para criar diez hijos, imagínate cómo es la cosa.

Así que por aquí cerca estuvo Franco…

L: Sí, mi madre le hizo el almuerzo. Franco vino a la casa de Auror… de Zamorano.

¿En los Granado?

L: Sí, en la casa de los Granado estuvo. Y mi madre le hizo el almuerzo. Y mi madre siempre hacía el cuento que dice que Seña Aurora tenía un perro que lo llamaban Franco, y Franco se… se sentó por fuera en una piedra y Don José Zamorano dijo “¡Franco!”, dice “¿Qué quiere?”, “No, si no es a ti, es al perro” (ríe) Mi madre le hizo el almuerzo… A Don Jos… A Franco, a Francisco Franco.

Y vino pa’cá… XXXX

L: Pues vino de aquí se fue a La Esperanza, que fue cuando ya estalló la guerra. Fue.. sí, fue antes de estallar la guerra. Que tú sabes que Zamorano era compadre de Franco.

¿Las fiestas, Lola?

L: Las fiestas de Bajamar eran maravillosas. ¡Cuando la juventud nuestra! Porque la gente venía a veranerar a Bajamar y no eran como hoy los veraneantes. La gente era la gente del pueblo que venían a veranear tres meses. Y la gente era como como si hubiera sido gente del pueblo. En la berbena bailaban los veraneantes, la gente del pueblo, todo el mundo era una fiesta. Y se vivía bien. Era diferente la vida, ¿no? No era… no era como hoy.

Había un número en las fiestas que se iban al Arenal a comer, ¿puede ser?

L: Sí, Arenal. Los lunes. Los lunes de la fiesta se hacía el arroz amarillo con lo que sobraba de la gallina de la sopa de la fiesta. Un pan redondo que traíamos del Socorro, los sábados en la fiesta que mi padre compraba el trigo en Geneto. Y después ese pan, se guardaba un pan y se iba al Arenal a merendar. A bañarnos al Arenal. Todo el pueblo.

Ya estaba el pozo del Lomo y Lorenzo el Gobernador allí.

L: Sí, ya estaba el pozo del Lomo y Lorenzo el Gobernador.

Y dónde daba agua ese pozo.

L: A la finca de los González de Vernetta. Llevaba el agua. Bueno, yo no sé si primero la llevó pa Bajamar, pero después la llevaba pa La Punta, pa La Punta de los Vernetta. Y ahora yo no sé si está yendo, pero hasta hace poco estaba yéndolo. Cuando mi sobrino Kiko era cañero iba el agua pa La Punta, pa los Vernetta.

¿Tu sobrino Kiko era cañero?

L: Sí.

Pues entonces tendré que hablar con él.

L: Bueno…

Tendré que hablar con él…

 

Duración: 13′ 53»

L: XXXXX. Y le dijo “Francisca”. Y un hijo… un tío t… de… un hijo de Doña Eugenia, me parece que fue. En casa de Doña Eugenia le hizo mi madre el almuerzo. A esa gente. Y habían comprado unas viejas pa hacer el almuerzo. Y resulta que no pudieron venir ese día. ¿Y qué hizo mi madre? Escamó las viejas, como no había nevera, escamó las viejas, las frió y cuando ellos vinieron les hicieron un encebollado, les guisaron unas papas. Y cuando se fueron le dijo “Francisca, cuando nosotros vengamos de la guerra le arreglamos su vivienda”. Y cuando llegaron a la guerra lo mataron. (se emociona) Sí señor… Un hijo de Doña Anita Ascanio, de La Laguna. Pa que tú veas.

Ascanio…

L: A un hijo de los Ascanio de La Laguna lo mataron en la guerra. ¿A tu tío no?

Ah, vale. A mi tío también.

L: A tu tío también.

Sí, al jovencito, Edmundo. Sí, con dieciocho años.

L: Sí señor…

Y, espérate, Lola. Y lo de trabajar qué…

L: ¿Eh?

Toda la vida trabajando, pero aquí que…

L: No, después yo me fui a trabajar con Cresencia, que tenía la Telefónica. XXX Seña María. ¿Te acuerdas? María, en Bajamar, Seña María Rodríguez, la mujer del Señor José Rodríguez. Y entonces cuando Cresencia mudó la central pa… pa’llá pa donde está Correos, que se casó con Don Sebastián, eh… Me dijeron que si yo quería ir a trabajar a la… con ellos y yo les dije “no, yo no entiendo de…”. “Bueno, yo te enseño”. Y fui allí y estuve trabajando quince años, hasta que me casé. Ya no trabajé más en la agricultura. Pero después de casada volví a la agricultura otra vez.

Matrimonio XXXX de madre.

L: (ríe) Mal no me ha ido tampoco, ¿no?

Hablamos con Benito hace un momento de las piscinas.

L: Ajá.

¿Te acuerdas de las piscinas?

L: Sí.

El charco del arrollo.

L: ¿Eh?

El charco del arrollo.

L: El arrollo cuando estaba el… el trampolín, ¿se dice? Que se montaba la gente en el trampolín y se botaba al agua. Sí me acuerdo. Y del charco Redondo. ¿Y te acuerdas del frontón que estaba frente a casa de mi tía Leonor? Me acuerdo, claro que me acuerdo. Cuando Seña Juana Sánchez llenaba los charquitos de… de agua y después cogía la sal. Y cuando mataban al cochino se la regalaba a la gente para que salara la carne. Me acuerdo…

XXXXXX el charco redondo. ¿Por allí cogía la sal?

L: Sí, bueno, de Marianes… el Marianes un poquito más allá, en donde le dicen las goteras, por ahí. Ella tenía sus charquitos ahí, llenaba los charquitos de agua y después cogía la sal. Una sal blanquita. Me acuerdo de eso de pequeñita.

Todavía hay sitios, por aquí no, pero por ahí en Lanzarote hay un montón de gente que coge la sal todavía…

L: Que coge la sal, sí. Aquí no porque la gente, porque la gente ya no es como antes. Porque antes tú cogías un charquito, lo llenabas de agua y ese charquito era Seña Juana. Por ejemplo, cogían los chochos cuando los comprábamos los chochos en los… en Los Rodeos, que venían y los guisaban… Que tú sabes que los chochos se guisan y luego se meten en sal. Entonces, tú de repente ibas por ahí y veías el saco de Bartolo, el de María la madre de Ratón, el… Cada uno tenía su saco y nadie tocaba eso, que era de… quien sabía que era el saco chochos. Y tú imagínate hoy en día un saco chochos colgado, qué duraría ahí debajo… (ríe) Por eso es por lo que no hay sal (ríe)

¿Y la Goleta y las cuevas? Porque aquí hay mucha cueva.

L: Ah, la Goleta y las cuevas, eso XXX que vivió en las cuevas. Yo no viví en las cuevas. Sí, hay muchas cuevas. Las cuevas de la Goleta son bonitas. A la Goleta en sí yo me acuerdo cuando tenía diez años, que vivía una gente en la Goleta que le decían… ¿cómo se llamaban, los de la Goleta? ¿Los que estaban antes en la Goleta, antes de tú venir? XXX Anselmo y yo me acuerdo que esa gente traía el agua, porque eso ahí tiene un aljibe, una galería que da agua. Esa Goleta se plantaba todo. Traían membrillos, tomates, papas… eso daba de todo, esa goleta. Ese matrimonio vivía ahí de todo lo que producía esa… en la goleta. Y vivían en las cuevas. Pero no te creas que son cualquier cosa de cuevas. Que son como una casa hecha, tres cuevas.

¿Todavía existe, o todavía…?

L: Claro que existen, lo que pasa que ya no hay quien.. ya no vive nadie ahí en la cueva. ¡El agua está botada! El agua sale de ahí. Y eso quién lo recoge ya…

XXX

L: Que sí hay agua, hombre, que esas cuevas XXX echan agua. Claro que echan agua. Pa qué si eso no las atiende ni plantan nada, no… Eso está todo abandonado. Ya no hay cabras y no hay nada ahí.

¿Y de la Cantera te acuerdas, o…?

L: Sí, de la Cantera me acuerdo. Cuando empezaron la cantera yo no me acuerdo, pero de ir a llevar el almuerzo a la gente que trabajaba en la cantera, sí.

Como muchas mujeres.

L: Bueno, yo, mi hermano yo no me acuerdo de írselo a llevar a la cantera esa, pero en Bajamar había una la… la hermana de Ricardo, Cristina. Ricardo. Y yo veía a Cristina con la comida pa llevársela al hermano, y yo le cogía el cesto y se la llevaba yo, para que ella no subiera a la cantera, porque yo era más joven, era una niña. Y claro, lo que ella tardaba media hora, yo subía en cinco minutos. Y le llevaba el almuerzo a Ricardo a la cantera. Me acuerdo de ver trabajando a Estiquio, Colás…

Ricardo.

L: A Ricardo, mucha gente trabajó en la cantera, pero eso fue antes de nosotros, ya… Pero… Pero bueno, la cantera duró bastante tiempo, trabajando ahí… llevaban bloques para La Laguna y para otros sitios. Y mi tío Alfonso fue creo que el último rematador , el último que trabajó en la cantera. Mi padre bajaba los bloques de la cantera pa la finca de Don Antonio XXXX en Valle Guerra.

¿Cómo bajaba te acuerdas?

L: Con el camión. Hicieron un camino y subía con el camión.

XXXXX

L: ¿De los oros cochinos?

XXXXX

L: Sí… XXXXXXX Bartolo, María la Muchacha, mi tía Leonor, los Chillines… cada uno tenía su cochino XXX. En lo de Zamorano, ahí. Y los tomates… cuánta gente plantó tomates de media ahí con Zamorano… todo el pueblo. Y de eso se vivía, de los tomates, poco más, poco menos. No había otra cosa. Después empezó el turismo y ya la cosa fue diferente.

¿Por qué?

L: Bueno, porque ya había más vida, la gente ya trabajaba en los hoteles, las chicas trabajaban en los hoteles… Ya era otra manera de vivir. Había, pues… más dinero… la vida diferente, ¿no? Tú veías a la gente de repente sentada ahí hablando durante dos o tres horas… Cuando ya las horas se pagaban a cuatro o cinco pesetas nadie se paraba, sino todo el mundo trabajando. Porque ya era dinero. Venían los alemanes, venían… y era otra vida. Otra vida porque había más dinero, pero la vida nuestra realmente, la vida mía fue feliz. Yo viví feliz. Íbamos a la escuela, lo que pasa que, claro… como las madres trabajaban, pues había que ayudarles.

¿Cómo se llamaba la maestra aquella que es tan famosa en Bajamar?

L: Doña Carmela.

Doña Carmela Alfonso Núñez.

L: Sí… (murmura)

No era tan mala como dicen…

L: No, qué va, qué va. A mí me pegó una vez que me tuvo llorando tres horas. Que yo creo que muy buena no era. Y fue por salir a orinar, porque no había baño y le pedí permiso, y me dijo que tenía que hacerlo antes de entrar, y como me eché fuera, me cogió por la puerta y me tuvo dando leña por… toda la mañana (ríe) Y dices tú que no era mala…

La escuela estaba al lado de la Fonda.

L: Sí.

De Domingo.

L: La casa de Donofre, la que botaron allí.

¿De quién era esa Fonda?

L: De quién… de los Tor… La última vez… el último dueño que tuvo fue los Torales. Juan Torales.

Esa fonda estaba encima del Bar del Cheri.

L: No, el bar del Cheri era la fonda.

Y después lo cogió Domingo, con los años.

L: Y después, no, después de Domin, después de Domingo se lo compró a una hija de Don Juan Torales, se llamaba, n¿no? Sí.

¿Al pintor?

L: No, al pintor no. La que vive ahora en casa de la iglesia es la hija más pequeña de ese señor. El pintor era otro Torales, familia, pero otros Torales.

Que eran asiduos de Bajamar.

L: Sí, venían mucho, pero nosotros le teníamos miedo.

¿Por qué?

L: Bah, porque les teníamos miedo.

Lola con miedo no la conozco yo.

L: Te cuento una anécdota de Torales, ¿no? Tú conociste a Teresa y a Manola, las… la hermana de Leandro. Entonces ellas estaban un día bañándose en Marianes y Torales fue, y no sé qué fue lo que le dijo, algo le dijo. Entonces ellas se vinieron para casa, ¿no? Y Torales se iba todos los días a La Laguna y venía. Y tú te acuerdas dónde estaba la venta de María Lola, que ellos bajaban por el callejoncito aquel pa’bajo pa la casa donde Leandro hoy tiene aquello allí. Entonces Torales se baja de la guagua y Manola lo ve, que venía caminando, ¿no? Y entonces dice “¡Papá!”. “¿Qué quieres, muchacha?”. “Mira, ese que está ahí, que viene por ahí pa’bajo es Torales. Ese fue el que nos hizo lo que yo te dije en Marianes”. Entonces qué hace Fernando, sale a la carretera y le dice: “mire, señor, ¿usted es Juan Torales?”. Dice, “sí”. “Ah, ¿y usted no me conoce a mí?”. Y dice, “no, no, yo no lo conozco”. Levanta la mano, le pega una trompada, sale corriendo y dice: “¡no, no se vaya, que esa es la de Teresa, pero le falta la de Manola!” (ríe) Ese era Juan Torales. Yo le tenía miedo. Pero yo no sé, a mí no me hizo nunca daño, ¿no? Pero como a uno le da cosa, pues le tenía miedo a Juan Torales. Pero sí es verdad que era pintor.

Pero las mujeres, Lola, seguro que trabajaban más que los hombres y cobraban menos.

L: Más que los hombres… La mujer siempre ha trabajado más que el hombre. Qué quieres que te diga yo. Peo la mujer de antes trabajaba mucho, y trabajos muy pesados. Porque al no haber agua en la casa, al no haber luz eléctrica, no había lavadora, habían muchos hijos, no habían los pañales que hay hoy… Todo eso había que te… la mujer era ama de casa, madre y trabajadora. ¿Eh? No había luz, no había gas butano, ¿eh? Había una… primero era la leña, y luego vinieron las cocinillas de petróleo. Que de repente estabas haciendo la comida y se tupía la cocinilla, y tenías que coger la cocinilla y corriendo a Ca Lorenzo. Se pasaba mucho porque no había lo que hay hoy.

Y en la agricultura también trabajaban.

L: En la agricultura también trabajaban, claro. Con animales, porque en las casas antes también habían animales, habían vacas, tenían sus cabras, tenían sus gallinas… La mujer era la jefa de todo, la que tenía que estar pendiente de los hijos, del marido, de todo…

¿Y la leña, Lola?

L: La leña se juntaba ahí en todos esos montes. Corriendo delante del guardia.

Porque no les dejaban coger leña…

L: No dejaban coger leña, no dejaban coger leña.

Aquí, en Solís, en las Crucitas…

L: Bueno, nosotros la íbamos arriba, a lo de… a lo que le decían el… la finca del Catalán, ahí donde están los pinos plantados, hay sogues. Por todo eso de Don Juan… eh… que era de Doña Eugenia, que a veces lo cogías, a veces te quitaban la manada, a veces te echabas a correr y dejabas la leña atrás… (ríe) Según cuadrara.

Eso ya se acabó.

L: Ya se acabó. Ahora hay leña no hay quien cocine… (ríe)

 

Duración: 10»

L: (ríe) Ay, Dios…

Bueno.

L: Ya está. Qué más.

 

Duración: 16»

 El sonido me da que es bueno.

 

FINAL

 

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